3 consecuencias negativas de la pandemia de las que no se habla

3 consecuencias negativas de la pandemia de las que no se habla

Consecuencias de la pandemia

Las consecuencias de la pandemia a nivel económico son evidentes, también el impacto en el sistema de salud. Nos ha golpeado fuerte. Sin duda las consecuencias del aislamiento y el parate laboral han sido y serán muchas. La pobreza aumentó, y muchos proyectos y desarrollos se vieron interrumpidos. También muchas personas se vieron afectadas por permanecer solas o por no poder despedir a sus familiares en su muerte.

Estas 3 que detallo a continuación no se ha hablado tanto y sin embargo son las más recurrentes en el consultorio psicológico.


1- Consecuencias de la pandemia- El miedo a enfermarse


En este año y medio de pandemia he recibido muchos pacientes con ansiedad. Muchos de ellos con miedo a enfermarse. Este tipo de miedo forma parte de lo que se llaman fobias hipocondríacas.

Hay dos grandes fobias hipocondríacas. La hipocondría es un trastorno en donde la persona cree firmemente ser víctima de una enfermedad grave que no se le está diagnosticando. Por lo tanto se informa y se controla constantemente, yendo a médicos e instituciones. La nosofobia es el temor a sufrir una enfermedad lo lleva a revisarse internamente pero evita ir al médico para no confirmar el diagnóstico. En este caso el miedo suele ser a sufrir una enfermedad en particular. También están la carcinofobia o fobia al cáncer, a la algofobia o fobia al dolor, la cardiofobia o fobia a las enfermedades cardíacas, etc.


Pero… ¿Cómo se genera este padecimiento?


Puede comenzar o bien por haber padecido una enfermedad real, por haber acompañado a una persona enferma o por el constante bombardeo de información a través de los medios de comunicación. La información constante de los posibles síntomas de la enfermedad generan una “imagen interna” de enfermedad casi constante.

A partir del momento que la persona imagina que puede estar enfermo, comienza a observarse y vigilarse obsesivamente en busca de todos los posibles síntomas físicos indicadores de la patología en cuestión. Tanto el hipocondríaco como el patofóbico (o nosofóbico) se chequean constantemente y permanecen en un estado de hiper vigilancia. Esto provoca el descubrimiento de “posibles anomalías” que al mismo tiempo aumentan más la inclinación por vigilarse. Esto lleva a un circulo vicioso que sostiene el problema.

En el caso del hipocondríaco irá de médico en médico para comprobar si está o no está enfermo, pero esta “solución” es momentánea y, o bien cree que está mal el análisis del profesional, o bien pronto encuentra otra dolencia que perseguir. El patofóbico en cambio sufre en soledad pues el miedo a encontrar una enfermedad mortal lo lleva a permanecer recluido.

Estas consecuencias de la pandemia se vierón en aumento por el constante bombardeo informativo y también por el contexto real y alarmante que vivimos por el covid. Para trabajarlo es recomendable comenzar una terapia que interrumpa el proceso que sostiene el síntoma y que promueva una relación diferente con el cuerpo.


2- Consecuencias de la pandemia- La depresión


Además de la pandemia del Covid existe en el mundo otra pandemia mucho más silenciosa que es la depresión. En el 2015 se estimaba que había 300 millones de personas con depresión.

Hay muchas variables para observar sobre el desarrollo de esta pandemia. Podríamos pensar en como a nivel sociocultural y económico, las sociedad se volvió más individualista, egocéntrica, consumista y narcisista. Cómo impacta la desconexión generada por los aparatos de comunicación digital, la velocidad antinatural en que estamos inmersos y hasta cómo se refleja la globalización en lo que se podría llamar la paradoja de la elección moderna.

Pero a partir de que comenzó la cuarentena en el 2020 se observó un notable aumento. En Argentina se realizó una investigación que comenzó en abril de 2020, por la cátedra de Biología y Neurofisiología del Comportamiento de la Facultad de Psicología de la Uces de San Francisco, dicho estudio muestra que la ansiedad, el estrés y la depresión van en constante aumento desde que inició la pandemia.

La mitad de los argentinos muestra insatisfacción y un 38% de la encuesta mostró una depresión de moderada a severa. Incluso se encontró muchas referencias e ideación suicida. Sin embargo un porcentaje bajo manifestó que realmente se suicidaría.


En mi consulta particular…


También me he encontrado con esta prevalencia. Proyectos interrumpidos, ansiedad generalizada por la incertidumbre, falta de contacto, afecto, aislamiento y hasta la poca exposición al sol derivó en cuadros de mayor depresión e insatisfacción vital.

El aislamiento golpeó fuerte. La falta del abrazo en una cultura latina, como la Argentina lastimó y mucho. Desde abuelos que no pudieron ver a sus nietos (y viceversa), hasta adolescentes que no pudieron encontrarse con sus amigos y quedaron en la deriva al perder espacios de inserción (el no concurrir a los colegios, por ejemplo).

Esto llevó, obviamente, a que muchos violaran las directivas y terminaran haciendo caso a lo que sentían en vez de seguir con el cuidado extremo.

En la medida en que la situación vaya cambiando y tengamos posibilidades de conectar, y de desarrollarnos personal y economicamente se estima que esta prevalencia irá disminuyendo.


3- Consecuencias de la pandemia – La violencia.


Bien es sabido que el distrés genera menor capacidad para gestionar las emociones y por lo tanto también genera dificultades para contener los impulsos. Cuando una persona está estresada puede estar en un constante “Lucha” o “Huida”. De esta manera puede incurrir en pleitos o discusiones más a menudo y también perder su capacidad cognitiva en lo que llamamos secuestro de la amígdala.

La persona estresada tiene la “mecha corta” y esto deriva en situaciones conflictivas que también terminan estresándolo. Este círculo vicioso no es fácil de interrumpir y muchas veces las personas recurren al alcohol o drogas para disminuir la tensión que sienten. Además de las posibles consecuencias de lo que suceda estando en este estado alterado de la conciencia, los efectos post consumo son aún peores. La resaca o el bajón del después retroalimenta una mirada negativa del mundo y de uno mismo que también deriva en más estrés.

Las causas de este estrés son obvias. La pérdida o incertidumbre laboral, la falta de diversidad, el confinamiento, la corrupción, etc.
Dos estudios realizados medio año después de comenzar la cuarentena indicó un aumento de casi 30% de llamadas por violencia doméstica. Casi el 60% eran por abuso psicológico. Esto sin contar a las personas que por estar confinadas no podían llamar por miedo a ser descubiertas o al castigo.

Obviamente este es un mal que va más allá de la cuarentena y es demasiado vasto para poder abordarlo en esta entrada. No sólo aumentó la violencia de género, sino también la presión que sintieron los padres, al verse saturados, derivó en mayor violencia hacia sus hijos.

Es necesario un entrenamiento y un desarrollo en educación emocional. Hoy en día hay buenos programas para poder trabajar con nuestras emociones y tener más recursos para poder transitar situaciones de estrés o dificultades vitales. Por ello apoyo la moción de Lucas Malaisi quien está gestionando para que la enseñanza emocional sea parte de la curricula en los colegios.


No todo es negativo


No todo lo que sucedió en este año y medio fue negativo. En la ausencia también aprendimos a valorar lo que antes dábamos por sentado. Muchas personas también empezaron a buscar recursos y maneras para trabajar en sí mismos. La palabra “meditación” y “yoga” en google multiplicó sus búsquedas. Hay un mayor interés por conectar con uno mismo e incluso con la naturaleza.

En este escenario también hay muchas personas que empezaron a tomar conciencia del otro, del que está al lado. De cuidarnos unos a otros. Es este pequeño séquito, este núcleo vital el que, a mi parecer, puede llevar la antorcha del cambio. Si nos responsabilizamos y buscamos opciones saludables para transitar las dificultades, es en las crisis, cuando mayor desarrollo podemos tener.

No hay mal que por bien no venga, o como le escuché decir a mi profesor de Kung fu, que este tiempo difícil me haga más fuerte internamente. El desarrollo de habilidades internas hoy parece ser una alquimia interesante que más de uno está dispuesto a probar.

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