¿Qué es Mindfulness o Atención Plena?

que es mindfulness

¿Qué es Mindfulness o Atención Plena?

que es mindfulness

El mindfulness está en boca de todos…
¿Es una moda pasajera o realmente implica un cambio individual o cultural?
Pero ante todo: ¿qué es? y ¿porque se habla tanto de eso?
En esta entrada pretendo contarte qué es el mindfulness. Con la intención de respetar la mirada más clásica y también la apreciación más científica u occidental. También reflexionar de qué manera acercarse a este concepto para que resulte un verdadero cambio.

¿Qué es Mindfulness? Definición y procedencia

Se cuenta que hace 2500 años un sujeto llamado Siddharta Gautama proponía a sus seguidores algo insólito. Para poder despertar del sueño que nos hace soñar nuestra mente teníamos que observar la realidad de una manera diferente. Al hacerlo, uno podía liberarse de la confusión y sobre todo del sufrimiento.
Esta observación, esta atención es diferente a la manera vulgar de prestar atención. Tiene las características de ser una atención abierta, compasiva, sin juicio, y de completa y profunda aceptación. Algo tan sencillo y a la vez tan complejo como eso.

Mindfulness es una palabra inglesa inventada para traducir un término en el idioma del Buda, que es Sati. Sati quiere decir “recordarse estar presente momento a momento, con una actitud de aceptación”. RECORDARSE estar PRESENTE, momento a momento, con una actitud de ACEPTACIÓN.

Occidente V.S Oriente

En oriente…

En el budismo se dice que sufrimos por tres razones principales. Por ignorar la transitoriedad y no ser conscientes de la impermanencia, por apegarnos (deseo) y por considerar al ego como esencia y centro de todo. El mindfulness es la manera de prestar atención que permite poder observar estos focos de sufrimiento. Consecuentemente también es lo que permite salir del sufrimiento. Es, ante todo, una manera de conectar con la realidad.

Al parecer cuando nos recordamos estar presentes, salimos de la cadena de pensamientos que nos mueven al futuro y al pasado. Salimos de la autoreferencia constante, del ego y podemos conectar con el presente tal cual este es.

En occidente…

En occidente (no en todos los espacios, pero en muchos sí) se prescindió del enfoque y la ética budistas. Se tomó las cualidades de esta atención, y se empezó a enseñar en espacios laicos. A partir de la incorporación del mindfulness empezaron a ver que se producían numerosos beneficios en la salud. Es por ello que el mindfulness empezó a ser una “herramienta”. Una práctica con cierta “utilidad” ya que se transformó en una manera de conseguir cierto estado de tranquilidad. De esta manera su alcance es más limitado. No se lo toma necesariamente como una manera de conectar con la realidad, sino como una práctica que genera calma y desactiva el sistema nervioso.

La ciencia se auto impone como una verdad, como una autoridad pero al hacerlo desfigura la esencia de la práctica.

A tener en cuenta…

Es importante entender que no es sólo una herramienta para lograr un estado saludable como podría leerse en esta entrada. Los ámbitos más científicos pueden caer en la utilización del mindfulness, transformándolo en una herramienta relativamente peligrosa. Si no se lo considera como una manera de conectar con la realidad, con toda sus consecuencias éticas y se lo ve sólo como algo que nos ayuda a transitar el presente con menos ansiedad, corremos el riesgo de terminar adaptándonos a situaciones de vida que no son nada saludables.

El psiquiatra argentino Rovner, dice que el budismo puede considerarse como la primera psicoterapia de la historia, ya que trabaja directamente con la mente y el sufrimiento.
También Alan Wallace habla de esta diferencia entre oriente y occidente. Frente a los intentos occidentales de lograr una mirada objetiva, revaloriza la mirada de los monjes que pasan miles de horas observando la mente desde adentro.

Conclusiones

El mindfulness puede ser un proceso transformador y es preciso para ellos que las corrientes occidentales que se acerquen a la práctica puedan conectar profundamente con ello.
En este otro blog,  nos encontramos con esta hermosa definición:

“Este tipo de atención nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida. Aquí y ahora, en el momento presente. Es una forma de tomar conciencia de nuestra realidad. Dándonos la oportunidad de trabajar conscientemente con nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdida o con los desafíos de nuestra vida. En contraposición, una vida en la que no ponemos atención, en la que nos encontramos más preocupados por lo que ocurrió o por lo que aun no ha ocurrido, nos conduce al descuido, el olvido y al aislamiento, reaccionando de manera automática y desadaptativa.”

El mindfulness no persigue intenciones. No busca conseguir nada, no espera nada. Simplemente es estar en el presente y ser consciente de eso.

No se trata de Oriente y occidente, ni de budismo o ámbitos científicos. Se trata de permitir que este tipo de observación cale profundo en nosotros.
Es preciso que quienes lo impartimos y difundimos, no sólo seamos cautelosos al hablar de las comprobaciones científicas. También debemos ser cautelosos del cómo lo impartimos y el para qué lo impartimos. Entender que si no se propone como un cambio interno profundo, nunca se transformará en un cambio cultural y social. Va a quedar como un cliché, una anécdota o una herramienta vulgarizada. Que si no lo llevamos a cada aspecto de nuestra persona, a cada recóndito lugar de nuestro ser, sólo va a ser una moda pasajera. Es necesario que se instale como algo que mueva todas las estructuras que sostienen nuestra personalidad y al mismo tiempo las sociedades con toda su violencia y egoísmo.

Sólo así dejará de ser una lectura pasatista para pasar a ser una actividad transformadora.

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