¿Qué es la inteligencia emocional?

¿Qué es la inteligencia emocional?

inteligencia emocional

El origen del concepto:

En este inicio de blog me gustaría poder definir ciertos conceptos claves que iremos trabajando a lo largo del tiempo. Uno de ellos, define en parte  una categoría que viene siendo investigada exhaustivamente en los últimos veinte años y que se relaciona con la meditación o mindfulness.
Estamos hablando de la Inteligencia emocional.
La inteligencia emocional es un concepto que se atribuye a Wayne Payne, quien realizó una tesis sobre las emociones en el año 1985, sin embargo tiene sus raíces en otros estudios de la inteligencia anteriores.
Los conceptos tradicionales de Inteligencia hacían referencia a cuestiones cognitivas como la memoria, la percepción y la capacidad de reconocer y resolver cuestiones lógicas. Sin embargo a lo largo del siglo XXI fueron tomando fuerza otras ideas.
Thorndike en el año 1920 desarrolló la idea de inteligencia social, para hablar de aquellas personas que podían conectar y motivar a otros, una capacidad que no era tenida en cuenta por los tests habituales que podían dar cuenta del coeficiente intelectual. Gardner, en el 83, desarrolló su concepto de inteligencias múltiples en donde además de hacer referencia a la capacidad de relacionarse interpersonalmente, también refería a la capacidad de reconocer sus reacciones, su mundo interno.
10 años después de que Wayne desarrollara su tesis sobre las emociones y acuñara el término “inteligencia emocional”,  en 1995, Daniel Goleman publica su exitoso libro “la inteligencia emocional”. A partir de ahí, el término llega a todas las capas de la sociedad y estalla en las universidades más prestigiosas de Estados Unidos. El término genera una revolución en el mundo científico con posturas en contra y posturas a favor que comienzan a decir que la inteligencia emocional es la principal responsable del éxito que una persona vaya a tener en su vida.
A partir de entonces, viene estudiándose tanto para la educación, como para la psicoterapia como para el mundo empresarial.

Pero… ¿Qué es la Inteligencia emocional?

Para explicar este concepto debemos centrarnos en dos cosas. Por un lado la explicación funcional, cerebral y por otro las características que se verán externamente.

Base biológica:

El diseño biológico que rige nuestro espectro emocional no lleva cinco ni cincuenta generaciones evolucionando; se trata de un sistema que está presente en nosotros desde hace más de cincuenta mil generaciones y que ha contribuido, con demostrado éxito, a nuestra supervivencia como especie. Por ello, no hay que sorprenderse si en muchas ocasiones, frente a los complejos retos que nos presenta el mundo contemporáneo, respondamos instintivamente con recursos emocionales adaptados a las necesidades del Pleistoceno.
Cada uno de nosotros viene equipado con unos programas de reacción automática o una serie de predisposiciones biológicas a la acción. Además el ambiente circunstancial durante el embarazo de nuestras madres y la vida que hayamos vividos en nuestros primeros años de vida sumado a nuestras experiencias vitales y el medio en el cual nos haya tocado vivir irán moldeando con los años ese equipaje genético para definir nuestras respuestas y manifestaciones ante los estímulos emocionales que encontramos.
A lo largo de las eras alrededor del tallo encefálico, que constituye la región más primitiva de nuestro cerebro y que regula las funciones básicas como la respiración o el metabolismo, se fue configurando el sistema límbico, que aporta las emociones al repertorio de respuestas cerebrales. Gracias a éste, nuestros primeros ancestros pudieron ir ajustando sus acciones para adaptarse a las exigencias de un entorno cambiante. Así, fueron desarrollando la capacidad de identificar los peligros, temerlos y evitarlos.
La evolución del sistema límbico estuvo, por tanto, aparejada al desarrollo de dos potentes herramientas: la memoria y el aprendizaje. En esta región cerebral se ubica la amígdala. Se trata de una estructura pequeña, aunque bastante grande en comparación con la de nuestros parientes evolutivos, en la que se depositan nuestros recuerdos emocionales y que, por ello mismo, nos permite otorgarle significado a la vida. Sin ella, nos resultaría imposible reconocer las cosas que ya hemos visto y atribuirles algún valor.
Sobre esta base cerebral en la que se asientan las emociones, fue creándose hace unos cien millones de años el neocórtex: la región cerebral que nos diferencia de todas las demás especies y en la que reposa todo lo característicamente humano. El pensamiento, la reflexión sobre los sentimientos, la comprensión de símbolos, el arte, la cultura y la civilización encuentran su origen en este esponjoso reducto de tejidos neuronales. Al ofrecernos la posibilidad de planificar a largo plazo y desarrollar otras estrategias mentales afines, las complejas estructuras del neocórtex nos permitieron sobrevivir como especie. En esencia, nuestro cerebro pensante creció y se desarrolló a partir de la región emocional y estos dos siguen estando estrechamente vinculados por miles de circuitos neuronales. Estos descubrimientos arrojan muchas luces sobre la relación íntima entre pensamiento y sentimiento.

Características de la persona emocionalmente inteligente.

Para Goleman, la inteligencia emocional implica cinco capacidades básicas: descubrir las emociones y sentimientos propios, reconocerlos, manejarlos, crear una motivación propia y gestionar las relaciones personales.
En un principio existió una dificultad para integrar este concepto dentro del corpus científico. No era fácil de medir. Sin embargo con el paso de los años ha habido suficientes estudios para poder ir definiendo las implicaciones que este tipo de inteligencia tiene sobre la vida.
Diversos estudios de largo plazo han ido observando las vidas de los chicos que puntuaban más alto en las pruebas intelectivas o han comparado sus niveles de satisfacción frente a ciertos indicadores (la felicidad, el prestigio o el éxito laboral) con respecto a los promedios. Todos ellos han puesto de relieve que el coeficiente intelectual apenas si representa un 20% de los factores determinantes del éxito.
El 80% restante depende de otro tipo de variables, tales como la clase social, la suerte y, en gran medida, la inteligencia emocional. Así, la capacidad de motivarse a sí mismo, de perseverar en un empeño a pesar de las frustraciones, de controlar los impulsos, diferir las gratificaciones, regular los propios estados de ánimo, controlar la angustia y empatizar y confiar en los demás parecen ser factores mucho más determinantes para la consecución de una vida plena que las medidas del desempeño cognitivo.
Las habilidades emocionales no sólo nos hacen más humanos, sino que en muchas ocasiones constituyen una condición de base para el despliegue de otras habilidades que suelen asociarse al intelecto, como la toma de decisiones racionales.
A lo largo del desarrollo de este blog iré escribiendo sobre este aspecto.  Así que si estás interesado podés anotarte en la barra lateral para seguir el blog y así wordpress te enviará un email con entrada. Subo una entrada por semana.

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