Tres mitos sobre inteligencia emocional

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Después de un par de años realizando talleres sobre inteligencia emocional, me he dado cuenta que mayoritariamente la gente sostiene tres creencias erróneas sobre lo que es la inteligencia emocional.
Elegí tres de ellas para comenzar a disertar sobre el tema y tratar de introducirlos en este mágico mundo.

MITO 1: La Inteligencia Emocional (IE) es poder controlar las emociones.

En el inicio de los talleres suelo preguntar las razones por las cuales las personas se acercan a dicho evento. Mayoritariamente es porque quieren dejar de sentir una emoción en particular.
Puede que estén en contacto con la tristeza y quieren que esta no aparezca, o con el miedo, o incluso con la ira. “Tengo que controlar mi ansiedad”; “me gustaría ser menos sensible” o simplemente “no quiero sentir miedo” son las frases que suelen decir.

Creer que controlar las emociones tiene que ver con ser más inteligente emocionalmente tiene sus raíces en planteos filosóficos muy antiguos.
Los estoicos, los epicúreos y los escépticos (movimientos filosóficos previos a Cristo) proclamaban a la Ataraxia como una fuente importante de la libertad. La ataraxia sería una disposición del ánimo que pretende disminuir la intensidad de las emociones hasta que sean imperturbables, de manera tal que pudieran alcanzar la felicidad. Sería, entonces, la tranquilidad e imperturbabilidad con respecto al  alma, la razón y los sentimientos.

Sin embargo las investigaciones alrededor de la inteligencia emocional dicen otra cosa. Controlar las emociones no siempre es una buena opción; no siempre es la opción más saludable. Reprimirse, por ejemplo, puede traer aparejado graves consecuencias.
Y es que, en definitiva, las emociones son mecanismos biológicos para adaptarnos a las diferentes situaciones que nos presenta la realidad y hacer caso omiso de ellas es ir en contra de las condiciones más naturales del ser humano.
Lo que la Inteligencia emocional propone tiene que ver con la capacidad de Transitar las emociones. Poder vivir la tristeza de manera adecuada y en una proporción adecuada. Poder soltar el enojo en una medida proporcionada y eficaz.
No es más inteligente quien “controla” sus emociones, si por ello entendemos el bloqueo de las mismas, sino quien es capaz de “transitar” y eventualmente “gestionar” sus emociones.

Mito 2: – La inteligencia emocional es innata y por lo tanto no se aprende o es muy difícil.

Esta creencia, más que una creencia es un recurso que utilizan muchas personas para no dedicarse a trabajar sobre ellos mismos. Suelen responder, ante diversas situaciones, con el clásico “yo soy así, no lo voy a cambiar”; o muchas veces lo que hacen es patear la pelota afuera y decir que el principal responsable de sus propios estados emocionales es el otro: “Me hace sentir triste”; “Me hace enojar”.  Cuando alguien acerca la herramienta de la inteligencia emocional, y de la capacidad de transitar las emociones propias; lo ven como algo imposible o demasiado difícil y se frustran antes de intentarlo.

Hay que entender dos cosas. Primero que la inteligencia emocional es una habilidad completamente aprendida y transmisible. A diferencia de la inteligencia que solemos conocer, la del coeficiente intelectual, que parece más una determinación estática e innata; la IE tiene esta hermosa capacidad de poder ser aprendida y transmitida.
Lo segundo es que antes que nada, tengo que poder ser capaz de dar un paso en la dirección de hacerme responsable de mis actos, de mis pensamientos y sobre todo de mis propias emociones. Después de realizar este paso, el camino está allanado, sólo resta aprender algunos cuantos recursos para cambiar los hábitos que fui adquiriendo a lo largo de la vida.
Cambiar un hábito no es lo más sencillo de la vida, pero con la suficiente determinación cualquiera puede hacerlo.

Mito 3: – La inteligencia emocional es un invento de algunos psicólogos y no tiene nada que ver con la ciencia.

Las ciencias como su nombre lo indica, son varias. Existen las ciencias exactas y las que estudian fenómenos sociales y por lo tanto se aproximan a los datos mediante estadísticas de harta elaboración. Para determinar datos empíricos es necesario mucha investigación y tener en cuenta muchas variables. El debate de si la psicología es o no una ciencia sigue estando en boga en algunos ámbitos académicos. Sin embargo la investigación alrededor de la inteligencia emocional data de muchos años. Se ha profundizado mucho en su análisis, tanto desde aspectos cognitivos como neurocientíficos. De esta manera se han podido constatar modificaciones en las sinapsis neuronales y cambios en los comportamientos que llevaron a las personas a tener una vida más plena.
Por lo tanto , no es cuestión de psicólogos o de una tendencia oportunista, sino de profundas investigaciones que pudieron dar cuenta de la implicancia que tiene la gestión de nuestras emociones en la vida diaria y en la concreción de nuestros objetivos.

La inteligencia emocional agrupa al conjunto de habilidades psicológicas que permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones, entender las de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento. El desarrollo de la inteligencia emocional se asocia a una mejor calidad de vida y, eventualmente, a una capacidad mayor para concretar los objetivos de la vida.
A diferencia de la inteligencia determinada por el “coeficiente intelectual” que no indicaría por si misma una mejor calidad de vida, la inteligencia emocional también está relacionada con estados más saludables, mejor manejo del estrés e interacciones sociales más provechosas.

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